O como reza un dicho popular español: “Al pan, pan y al vino, vino”. Os estaréis preguntando de qué va este post, pues va de utilizar los términos de la forma más precisa y objetiva posible sin generar confusión y, lo que es más importante, sin perjudicar la salud mental de nadie. En concreto, hablaré de dos términos que han estado muy presentes en los medios de comunicación últimamente: curvy y diversidad corporal.

Recientemente la modelo española Lorena Durán ha sido elegida como la nueva modelo curvy de la firma de lencería Victoria’s Secret. Esto ha encendido las críticas en las redes sociales ya que calificar a esta joven de curvy ha sido interpretado como una ofensa por muchas mujeres y visto con estupor por muchos hombres. ¿Cuál es el motivo de la ofensa? ¿Por qué han reaccionado así ante el uso de la etiqueta curvy? Para entenderlo necesitamos saber primero qué demonios significa curvy.

El significado literal de este préstamo anglosajón es sencillo: “con curvas”. Y utilizado para describir el cuerpo de una mujer, es lo que toda la vida se ha llamado “mujer con curvas”. Es obvio que el cuerpo de la mujer tiene curvas (en alguna medida) y que las mismas cumplen una función biológica al margen del sentido estético que queramos atribuirle.

Hasta aquí nada que objetar con la calificación de la modelo como curvy porque por el hecho de ser mujer tiene curvas (más o menos), como yo también las tengo. El problema surge por las connotaciones que adquiere curvy en el lenguaje real ya que en la práctica una modelo curvy es una “modelo de talla grande”.

Haced una búsqueda rápida en internet o una pequeña encuesta entre la gente que os rodea y veréis qué se entiende por curvy.

Yo la he hecho y si bien la muestra no es estadísticamente significativa, resulta ilustrativa. En todos los casos las personas responden que una mujer curvy es una mujer de talla grande o cuerpo mayor de lo normal, rellenita, rechoncha, entrada en carnes, exuberante, gordita, rotunda, regordeta, etc. El vocabulario popular es prolífico en este sentido y seguramente en otras latitudes se utilicen otros adjetivos para describir la misma realidad: una mujer con curvas. Es precisamente en ese uso real del término curvy donde emerge la polémica ya que evidentemente la modelo no tiene una talla grande.

Alguno puede pensar que esa es mi percepción subjetiva o la de unas cuantas mujeres enfadadas y resentidas con el sistema patriarcal. Bien, bajemos a la realidad de los datos. Desgraciadamente los medios de comunicación proporcionan datos específicos sobre las dimensiones corporales de la modelo (cosa que no deberían hacer como luego explicaré).

En base a esos datos la modelo tiene un índice de masa corporal (IMC) ligeramente inferior a 18, lo que se considera infrapeso según los rangos de peso saludable estandarizados. ¡Ahora sí que me cabreo de verdad! ¿Se puede llamar curvy a una mujer con ese IMC? ¿Qué mensaje quieren transmitir: que tiene un cuerpo grande para ser mujer o modelo? Un dato: el IMC promedio en España es 24,52 (BBC News Health, 2019). Otro dato: sólo el 3,4% de las mujeres adultas en España tiene un IMC inferior a 18,5 (Encuesta Nacional de Salud, 2017). Si esta mujer es curvy, ¿cómo somos la inmensa mayoría de las mujeres del mundo? Como dijo una twittera con brillante atino: “Si ella es curvy, yo soy rotondy”.

Ahora vamos a ponernos un momento en la piel de una joven de 16 años que lee la noticia: ¿Qué puede pensar sobre el cuerpo de la mujer? ¿Cómo se puede sentir sobre su propio cuerpo? Por pura estadística lo más probable es que la joven tenga un cuerpo más grande que la modelo y tristemente también por pura estadística lo más probable es que la joven se sienta mal con su cuerpo cuando atienda a la noticia.

Los estudios muestran que el 50-85% de las mujeres en los países desarrollados se sienten insatisfechas con su cuerpo y el 40-65% hace dietas de adelgazamiento (Runfola et al., 2013). Se ha demostrado también que la exposición continuada a medios que representan el ideal de delgadez se relaciona directamente con los problemas de imagen corporal de las mujeres (Grabe, Ward & Hyde, 2008).

Por si acaso estáis pensando que es problema de esas mujeres, que no se comparen y punto, siento deciros que no es realista ni posible ya que la comparación social es un proceso mental básico (Festinger, 1954; Wood, 1996). Es como pediros que no penséis en el futuro o que os olvidéis del pasado. Podemos aprender a aceptar, reducir o reorientar las comparaciones sociales pero no eliminarlas.

En mi opinión, la industria de la moda (salvo contadas excepciones) sigue viviendo tan alejada de la realidad, en su burbuja de cuerpos imposibles y a menudo incompatibles con la salud para la mayoría de la gente normal, que adolece de un grave problema de reduccionismo y distorsión corporal. Así lo demuestra el uso de la etiqueta curvy para describir el cuerpo de una modelo con un IMC que representa a menos del 3% de la población femenina española.

Pero, ¿no es esto más de lo que ya había en el mundo de la moda? En mi opinión no exactamente y es aquí donde viene el problema más grave. La firma Victoria’s Secret ha desarrollado una intensa campaña de marketing para limpiar su imagen y mejorar su reputación corporativa, entre otras cosas suspendió el mediático desfile anual de sus famosos ángeles (decisión que aplaudo pues no puede haber símbolo más evidente de cosificación y mercantilización de la mujer, por no hablar de las dietas y otras prácticas extremas a las que sometían a las modelos).

Dicha campaña pretendía representar la diversidad corporal de las mujeres reales para que todas se sintieran representadas, aceptadas, a gusto con su cuerpo, etc., haciendo suyos algunos principios básicos del movimiento body positivity. ¿En serio Victoria’s Secret? ¿Qué entendéis por diversidad corporal?

De nuevo la importancia de llamar a las cosas por su nombre: la diversidad corporal se define por el grado de variabilidad de las características físicas y corporales (ej., altura, peso, forma, color) de un grupo de personas (Bacon, 2010). La diversidad no es cuestión de todo o nada sino que es una dimensión que se puede cuantificar usando fórmulas matemáticas. Por ejemplo, un grupo de 3 personas formado por dos mujeres bajitas y delgadas en la veintena y un hombre alto de 40 años puede parecer diverso.

Pero mucho más diverso es un grupo de 3 personas formado por una mujer menuda de 20 años con una sola pierna, una mujer alta y embarazada de 40 años y un hombre albino de talla media de 60 años. Quizá Victoria’s Secret considera que representar la diversidad corporal femenina consiste en contratar a unas cuantas modelos con cuerpos ligeramente más grandes que las modelos excesivamente delgadas que han protagonizado sus campañas tradicionalmente y ponerles la etiqueta curvy. ¿Problema resuelto?

En conclusión, apelando de nuevo a la necesidad de llamar a las cosas por su nombre pero también a la responsabilidad y al sentido común, comparto unas reflexiones finales:

  • Un titular para la noticia más preciso y objetivo habría sido: “la modelo española con una talla ligeramente superior a la talla excesivamente pequeña a la que nos tienen acostumbrados…”. ¡Pero esto no suena tan sexy como curvy!
  • Parece que la industria de la moda tiende a usar el término curvy de manera distinta a la gente de la calle, generando confusión y sobre todo alimentando la distorsión de la imagen corporal y por ende la insatisfacción corporal de las mujeres. Ambos factores relacionados con el riesgo de desarrollar trastornos alimentarios.
  • A día de hoy la diversidad corporal es más una aspiración que una realidad tanto en la industria de la moda como en los medios de comunicación y otras industrias como el cine o el deporte. No os dejéis engañar por la publicidad de empresas que presumen de dicha diversidad mientras siguen sub-representando a las personas que se salen de la norma establecida.
  • Es una putada (llamo las cosas por su nombre) que las mujeres y cada vez más los hombres tengamos que soportar continuas presiones por tener cuerpos pequeños, musculados o con ciertos cánones estéticos, pero aún es peor que insulten nuestra inteligencia al vendernos como diversidad corporal algo que no lo es ni de lejos.

Por último, llamo a la colaboración y el rigor de los medios de comunicación, periodistas y demás personas con impacto social o mediático. Antes de ofrecer cifras sobre las dimensiones corporales de modelos, artistas, deportistas, famosos, etc., piensa: ¿para qué sirve esa información? ¿Aporta algo relevante al mensaje que quiero transmitir? ¿Es por pura costumbre o morbo?

Quizá esas cifras no afecten a la mayoría de la población (tampoco creo que les aporte nada útil) pero sí pueden afectar a personas en riesgo de desarrollar un trastorno alimentario o con uno ya activo.

Si el dato no es relevante y puede perjudicar a ciertos colectivos, ¿para qué darlo? Ojalá entre todos cambiemos la dictadura del cuerpo y el peso-centrismo de la cultura de dieta actual para crear un entorno realmente diverso donde todos nos sintamos representados, aceptados y queridos, sin importar el tamaño, la forma o el aspecto de nuestro cuerpo.

Referencias

  • Bacon, L. (2010). Health at Every Size: The Surprising Truth about Your Weight. Dallas, TX: Ben Bella Books.
  • BBC News Health (2019). Where are you on the global fat scale?
  • Encuesta Nacional de Salud de España (2017). Ministerio de Salud, Consumo y Bienestar Social. Datos disponibles en la web del INE.
  • Festinger, L. (1954). A theory of social comparison processes. Human Relations, 7(2).
  • Grabe, S., Ward, L.M., & Hyde, J.S. (2008). The role of the media in body image concerns among women: A meta-analysis of experimental and correlational studies. Psychological Bulletin, 134(3).
  • Runfola CD, Von Holle A, Trace SE, et al. (2013). Body dissatisfaction in women across the lifespan: results of the UNC-SELF and Gender and Body Image (GABI) studies. Eur Eat Disord Rev, 21(1).
  • Wood, J.V. (1996). What is social comparison and how should we study it? Personality and Social Psychology Bulletin, 22(5).