1 – Pesocenstrismo y gordofobia en las consultas de profesionales de la salud en el ámbito del embarazo y postparto

El objetivo de este artículo es visibilizar los trastornos alimentarios (TCA) y las conductas alimentarias de riesgo en mujeres durante su embarazo, posparto y eventual lactancia. Es una realidad que sucede a diario en todas las partes del mundo: mujeres que sufrieron TCA o que están cuasi-recuperadas y tienen recaídas durante el embarazo o postparto; mujeres que desarrollan por primera vez una relación tormentosa con la comida y el cuerpo después del embarazo, etc.

A veces esta realidad se reconoce, pero se minimiza su importancia (ej., mientras el bebé esté creciendo bien, mientras la mujer se mantenga en normopeso…). Otras veces se ignora completamente la manera en la que puede afectar el embarazo y el postparto a la conducta alimentaria y la imagen corporal de la mujer. Y en otros casos – especialmente cuando la madre es gorda – los profesionales sanitarios lo abordan desde una aproximación completamente gordófoba y anclada en cultura de dietas. Así, por ejemplo, ofrecen pautas de alimentación restrictiva, aumentan los pesajes, meten miedo a la madre con la ganancia de peso (“siendo ya gorda, no debes subir más de X kg al mes o pones en riesgo a tu bebé»).

Todo un completo despropósito, por decirlo de forma amable, y un verdadero ataque a la salud, bienestar y dignidad de la mujer gestante y por extensión a la criatura que está dando vida.

Este artículo está dirigido a las mujeres que desean quedarse embarazadas tanto si han sufrido TCA o mala relación con la comida y su cuerpo en algún momento de su vida, como las que no lo han tenido, pero quieren estar prevenidas de los riesgos que comporta incurrir en conductas desordenadas de alimentación o ejercicio.

También está dirigido a sus seres queridos, parejas o personas que forman parte de su sistema de apoyo, y por supuesto, a los profesionales de salud que estarán en contacto con ellas (ginecólogas, matronas, enfermeras, nutricionistas, psicólogas, etc.), quienes a menudo de forma inconsciente ejercen mayoritariamente desde ese paradigma pesocentrista que se ha venido transmitiendo en las facultades y que desconocen, por tanto, el impacto que las conductas desordenadas de alimentación o las prácticas restrictivas de control del peso pueden tener en la salud integral de la mujer gestante.

La situación ya es compleja per se, pero puede agravarse según el grado de riesgo y sus potenciales consecuencias fisiopsicológicas que afecten negativamente tanto a la madre como al propio bebé.

Como podéis imaginar, este es un tema demasiado extenso como para abordarlo solo en un artículo de blog. Es un tema digno de numerosas tesis doctorales, investigaciones y colecciones de libros. ¡Y ojalá así sea! Pero no desde las lentes de la cultura de dietas y el pesocentrismo sino desde un paradigma de salud peso-neutral, inclusivo y respetuoso, que lo que busque verdaderamente sea los máximos niveles de seguridad, bienestar y salud física y mental tanto para la madre como para el bebé.

Y esto último no se logrará jamás desde la mirada reduccionista y opresiva de la gordofobia y la cultura de dietas.

Así que nuestro principal objetivo es “abrir el melón» de los desórdenes alimentarios en las etapas del embarazo y el posparto. Para ello, usaremos información, datos y conocimientos de fuentes fiables y actualizadas, así como nuestras propias experiencias personales: las tres mujeres que escribimos este artículo – Ana Cuevas, Miriam Sánchez y Eli Custó – somos madres y hemos vivido experiencias dispares en nuestros embarazos y pospartos con historias de TCA a nuestras espaldas. Queremos llamar a la conciencia y la reflexión para promover un cambio en los profesionales de salud que trabajan con personas en este período tan susceptible y relevante de sus vidas. También queremos ofrecer herramientas a las mujeres que deseen y elijan ser madres para vivir su embarazo y postparto de manera segura, saludable y amable, asegurando también lo mejor para su bebé. ¡Vamos al lío!

2- Datos de riesgo en gestantes con TCA

La prevalencia de los TCA en gestantes, al igual que en la población general, está muy infravalorada. Según los estudios revisados obtenemos datos muy dispares que sugieren que entre el 1 y el 10% de las embarazadas tendrían un diagnóstico establecido de TCA (1, 2, 3).

A pesar de esas diferencias, sorprende que los mismos estudios comparten que hasta el 20% de las mujeres gestantes presentarían características psicológicas y comportamientos asociados a los TCA (1,2,3). Esto es, conductas alimentarias de riesgo como restringir calorías, evitar ciertos alimentos por “miedo a engordar”, compensar con ejercicio o comiendo menos cuando piensan que han “comido demasiado”, pesarse demasiadas veces, etc.

Si sumamos a estos datos los riesgos y las consecuencias negativas que suponen esas conductas para la salud maternofetal junto al hecho de que ciertas particularidades del propio embarazo y posparto podrían influir también en el curso del mismo TCA, urge la necesidad de generar espacios de capacitación y actualización de los profesionales de salud que acompañan a las mujeres, así como favorecer una mayor sensibilidad social de esta problemática y una concienciación de la madre gestante.

3 – Consecuencias del TCA sobre la salud maternofetal

El TCA afectará a la salud de la madre y del bebé de distintas maneras. Por un lado, el déficit energético y la baja disponibilidad de nutrientes se relaciona con la infertilidad pero también con irregularidades del ciclo menstrual, lo que se traduce en una mayor probabilidad de embarazos no planificados. La baja disponibilidad energética también se asocia a una mayor tasa de abortos, bebés que nacen con bajo peso, prematuridad y una mayor tasa de cesáreas.

Además, los estudios indican mayor riesgo de alteraciones del tubo neural, malformaciones faciales y un incremento de la mortalidad perinatal (1-3).

Por otro lado, la salud de la madre se verá igualmente comprometida tanto a nivel físico (anemia, hiperémesis, peor tolerancia a las molestias comunes del embarazo…) como a nivel psicoemocional con mayor malestar psicológico y una tendencia incrementada a cuadros ansiosos y depresivos.
En el postparto, el agotamiento y las intensas demandas físicas, cognitivas y emocionales características de esta etapa, sumadas a la presión social por volver al “cuerpo de antes”, hace que en mujeres con TCA la prevalencia de depresión posparto se eleve hasta en un 30% (1).

Esto puede interferir de manera notable en el desarrollo del nuevo rol materno y en el establecimiento del vínculo emocional con el bebé.

Sufrir TCA o haberlo sufrido en el pasado también afecta a la lactancia materna pudiendo dificultar la producción de leche debido a un infradesarrollo del tejido mamario en mujeres que perdieron el ciclo menstrual (amenorrea hipotalámica) o tuvieron alteraciones importantes en el mismo (4,5).

A largo plazo hay datos que reflejan que los hijos de estas mujeres pueden presentar en su primera infancia una mayor rigidez alimentaria que contribuiría a una peor relación con la comida en el futuro, en caso de que no se intervenga adecuadamente y el TCA de la madre se perpetúe (1).

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4 – ¿Por qué el embarazo y el posparto son situaciones de riesgo para los desórdenes alimentarios y de la imagen corporal?

Si en mujeres sanas el embarazo y el inicio de la maternidad son situaciones de mayor vulnerabilidad, cuando además coexiste un TCA o una relación difícil con la comida y el cuerpo, esa vulnerabilidad se multiplica por cien. Esto se debe a múltiples motivos.

4.1. Razones fisiológicas, cognitivas y psicológicas

Primero, hay que considerar que algunos cambios fisiológicos y hormonales propios de la gestación como son las alteraciones de la apetencia, el hambre, la presencia de náuseas, vómitos y aquellas molestias relacionadas con el reflujo o estreñimiento pueden condicionar la ingesta. Esto en un contexto en el que aumenta el gasto energético – y por tanto la madre tiene que comer más – hace que sea mucho más fácil que la madre entre en un estado de baja disponibilidad energética, lo que aumenta el riesgo de desarrollar TCA o empeorarlo.

De igual manera que es absolutamente necesario y deseable el aumento de peso de la mujer gestante, la modificación de la corporalidad, la obsesión por lo “sano” y el desarrollo de conductas aparentemente inocuas de body-checking (fotos mensuales del embarazo, mirarse en el espejo…) pueden ser potentes disparadores de conductas desordenadas de alimentación y ejercicio en un intento inefectivo por calmar la sensación de pérdida de control y evitar el “cambio corporal” que a la mujer de manera más o menos consciente le puede aterrar.

A nivel cerebral los profundos cambios que se dan en la madre con el fin de facilitar la conducta materna, garantizar el vínculo con el bebé y su supervivencia también potencian esa vulnerabilidad. No obstante, la mayor neuroplasticidad del cerebro materno en el embarazo es un elemento muy positivo a tener presente a la hora de trabajar y reprogramar el sistema de creencias alteradas que afecta tanto la vida de las personas con TCA.

4.2. El contexto social

El contexto sociocultural actual no ayuda en absoluto: los continuos mensajes sobre una maternidad idealizada, la intensa presión estética por volver al “cuerpo de antes” o incluso una “versión mejorada” (más delgada, más fit…), así como elementos propios de la cultura de la dieta que normalizan y hasta consideran saludables conductas claramente alteradas (ej., retirar ciertos alimentos, controlar el peso continuamente, hacer ejercicio de forma prematura, usar la lactancia como método de adelgazamiento…), en una etapa tan sensible para la mujer pueden interferir muy negativamente en su estado físico y psicoemocional.

Para colmo, en esta etapa la mujer está mucho más en contacto con el sistema sanitario que desde hace décadas arrastra una visión pesocentrista de la salud, la cual se manifiesta en los sesgos y el estigma de peso de los profesionales sanitarios. Esto hace muy probable que la mujer reciba comentarios y recomendaciones que alimenten el TCA o las conductas alimentarias de riesgo, tipo: “vigila lo que comes”, “no vayas a comer por dos”, “controla tu peso», “si no hubieras engordado tanto, la ecografía se vería mejor”, “no debes subir más de X peso por el bien de tu bebé», “dar el pecho a tu bebé te ayudará a adelgazar», “nada de tomar azúcar en el embarazo, puedes dañar al bebé», etc.

Obviamente esto sólo perjudica a una persona que ya tiene una mentalidad restrictiva o dietante y es aún más grave en mujeres gordas que tienen que lidiar directamente con la gordofobia de los profesionales sanitarios que las tratan.

4.3. Otros factores

Por supuesto, la personalidad cada persona, como las habilidades de regulación emocional, su autoestima, la sobrevaloración de la imagen corporal, la rigidez y la autoexigencia entre otras muchas, van a ser determinantes.
De igual manera que factores situacionales de su vida como: la relación con la pareja (si existe) y el apoyo de la misma, las condiciones laborales, el nivel económico, si hay apoyo logístico por parte de la familia, si era una maternidad deseada, etc., pueden influir positiva o negativamente en el proceso.

 

5- Interacción genética y ambiente

Todos los factores que hemos mencionado anteriormente tanto de índole individual como de índole familiar, social y cultural interactúan entre sí y pueden llevar a la persona a entrar en una deficiencia energética que en combinación con su perfil genético, terminen desencadenando un TCA. O en caso de que el TCA existiera previamente, puede agravarse o reactivarse (especialmente si la mujer estaba en una cuasi-recuperación, con independencia de que fuera o no consciente de ello).

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6- Factores de prevención

Hasta aquí hemos estado abordando los factores de riesgo. ¡Pero hay mucho a hacer para prevenir!

6.1. Aceptación de la diversidad corporal

Primero de todo, consideramos esencial reconocer y celebrar la diversidad corporal de los seres humanos, en este caso la diversidad de los cuerpos de las mujeres gestantes. Las mujeres tienen cuerpos diversos en todos los tamaños, formas, colores, etc. Y esto ha sido siempre así y lo seguirá siendo, por mucho que nos empeñemos en meter a todas las mujeres en los mismos moldes estándar de corporalidad. Esto es aún más importante entre los profesionales de salud que prestan sus servicios a las mujeres en esta etapa, pues sus sesgos de peso y su propia mentalidad de dieta pueden afectar gravemente la salud de la mujer y de su bebé.

Como dice la activista gorda y autora Sonya Renee Taylor en su maravilloso libro El cuerpo no es una disculpa: “Cuando no nos vemos representadas en el mundo sacamos nuestras propias conclusiones, siendo la invisibilidad toda una declaración”. Antídoto: visibilizar la realidad de la corporalidad humana que es la DIVERSIDAD.

Sabemos que cambiar este contexto cultural de creencias, prejuicios y estereotipos no es sencillo y además es una tarea colectiva multinivel. A nivel social, político y educativo, deberían hacerse campañas de concienciación y sensibilización masivas empleando todos los recursos mediáticos, divulgación científica de calidad, programas en las escuelas que promuevan la confianza corporal, el respeto a la diversidad y la alimentación intuitiva, crear espacios de debate y reflexión en medios y RRSS. Por supuesto, esta representación y visibilidad de la diversidad corporal debería hacerse de forma realista, responsable y no-pesocentrista.

6.2. Paradigmas médicos pesoinclusivos

Por otro lado, los profesionales sanitarios y sobre todo quienes acompañan a personas en el embarazo y el posparto necesitan tomar conciencia de esta problemática, deconstruirse, dejar de hacer daño de manera “no intencional” y contar con herramientas y estrategias actualizadas para ofrecer la mejor atención posible a la madre y su bebé. Por ejemplo, es básico incluir en la entrevista clínica cuestiones sobre relación con la alimentación, historial de dietas, la vivencia de los cambios corporales, así como preguntar directamente por antecedentes de TCA para poder adaptar la atención prestada poniendo siempre a la persona en el centro.

En el seguimiento del embarazo, conviene tomar medidas como: evitar el pesaje (a menos que esté justificado), ofrecer el peso ciego, abstenerse de moralizar los alimentos (“debes comer esto que es bueno; deja de comer eso que es malo”), no ofrecer pautas alimentarias de máximos (no debes comer más de X kcal, cantidad, etc.), validar el hambre física y mental de la madre y animarla a confiar en su cuerpo, etc.

Para ayudar en la aceptación corporal en este periodo, subrayar la necesidad de los cambios físicos que experimenta el cuerpo de la mujer y celebrar el maravilloso trabajo que hace el cuerpo para gestar y criar al bebé. ¡Y hacer esto con independencia del peso de la madre!

6.3. Promover una visión real del postparto

También es crucial visibilizar el postparto real, que poco tiene que ver con la imagen edulcorada que ofrecen los medios, ciertas revistas, las RRSS y en particular ciertas influencers que viven en montañas de privilegios o que directamente hacen un gran negocio en esta etapa de su vida. Los profesionales que acompañan a las mujeres en esta etapa deberían ofrecer modelos realistas y referencias saludables que muestren cómo es el postparto y la maternidad al natural, sin filtros ni Photoshop ni intereses económicos al detrás.

6.4. Potenciar la autoconfianza en la mujer

Ofrecer intervenciones de psicoeducación en línea con la autocompasión, el autocuidado y la alimentación intuitiva puede ayudar a las mujeres a confiar en sus cuerpos y así mejorar la relación con la alimentación, el movimiento y consigo mismas. Esto puede complementarse con libros, podcast y otros recursos web recomendados tanto a las mujeres como a su entorno de apoyo para facilitar un acompañamiento adecuado.

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7 – Gestión en consulta de mujeres gestantes con historial, presencia o riesgo de TCA

En términos generales, podemos encontrar tres posibles escenarios en torno al embarazo y el postparto:

  1. Sufrieron TCA en el pasado y están plenamente recuperadas.
  2. Con TCA activo o cuasi-recuperadas (presentan síntomas y signos del trastorno alimentario, aunque sean más sutiles y no les impidan llevar una vida funcional, sobre todo en forma de pensamientos, actitudes y ciertas conductas de control del peso).
  3. Sin antecedentes de TCA, pero éste se desarrolla en el embarazo o postparto.

7.1. Escenario 1: Historial con tca pero recuperadas actualmente

En el primer caso de mujeres recuperadas, es clave evitar situaciones de deficiencia energética involuntarias tanto durante el embarazo como durante el postparto especialmente si dan el pecho. Cuando hay una predisposición genética a sufrir TCA, la persona se expone a riesgos de reactivarlo si entra en estados de déficit energético importante o mantenido en el tiempo (es decir, si por razones no intencionales su organismo recibe menos energía y nutrientes de los que necesita y empieza a perder peso). Esta información debería conocerla la persona recuperada de TCA, pero nunca está de más subrayar la importancia de alimentarse de manera suficiente – lo que en este periodo significa comer más de lo habitual, ya que aumentan las necesidades energéticas y nutricionales – regular, variada y adaptada a lo que el cuerpo le vaya pidiendo, honrando su hambre y apetencia en todo momento. Asimismo, es importante destacar la necesidad de mayor descanso y autocuidado.

7.2. Escenario 2: Con TCA activo o en estadios de casi-recuperación

En el caso de las mujeres con TCA activo o cuasi-recuperadas, el embarazo puede ser un arma de doble filo y generar efectos positivos o negativos según diversos factores como: el grado de conciencia y compromiso de recuperación de la persona, su vivencia del embarazo y el nivel y la calidad de apoyo profesional y familiar que reciba. La sintomatología del TCA puede intensificarse (ej., restricción de alimentos azucarados, aumento de las conductas de body-checking); o por el contrario puede reducirse (ej., parar conductas purgativas, dejar de restringir calorías).

Ese potencial efecto positivo del embarazo en el curso del TCA puede derivarse de la mayor conciencia y responsabilidad de la mujer embarazada hacia su salud y la del bebé. Si esto es así, habría que reforzarlo positivamente con independencia de que la motivación inicial de la madre esté más centrada en el bienestar del bebé ya que la motivación puede ir cambiando posteriormente.

Es cierto que el efecto positivo en la recuperación del TCA puede venir derivado también del entorno familiar y cultural si el mismo es más permisivo con la ganancia de peso de la mujer y su libertad alimentaria y hasta se aplaude el cambio corporal de la mujer porque el entorno lo interprete como “saludable” para el bebé en camino. Pero somos conscientes de que esto no sucede en todas las familias y contextos donde vive la mujer embarazada con TCA, ya que a veces su entorno comulga con la cultura de dietas y está plagado de gordofobia. No obstante, ese permiso para que la embarazada “coma lo que quiera y suba de peso” suele ser condicional, temporal y perverso, pues se hace pensando más en la salud del bebé que en la salud de la mujer. Así, una vez que la mujer da a luz, vuelven las presiones estéticas, las restricciones alimentarias y los consejos no solicitados para comer sano e ir al gym como antes del embarazo.

En este segundo escenario, es importante aprovechar esa mejoría sintomática del TCA y la plasticidad cerebral que otorga el embarazo para empezar la reprogramación de miedos y creencias y anticiparnos al periodo crítico del postparto, dando soporte terapéutico a las posibles comorbilidades de la mujer con los especialistas adecuados (psiquiatría, psicología, nutrición, etc.). El seguimiento de mujeres sintomáticas debe ser conjunto y estrecho entre el servicio de obstetricia y el servicio de salud mental priorizando una alimentación suficiente, regular y variada y el descanso, para ir trabajando progresivamente en aceptación corporal y regulación emocional.

7.3. Escenario 3: El TCA se desarrolla durante el embarazo o postparto

Por último, en los casos en los que el TCA debuta por primera vez durante el embarazo o postparto la situación se complica ya que pueden tardar meses o incluso años en reconocer el problema dado que ciertas conductas o alteraciones pueden ser vistas como “normales” por las mujeres, sus seres queridos o el entorno social donde vive. Tristemente, si no están en infrapeso o sucede una pérdida de peso drástica o conductas extremas, puede pasar desapercibido por los propios profesionales sanitarios.

No obstante, se puede informar a la mujer y su entorno de los riesgos de desarrollar una relación desordenada con la alimentación y el cuerpo en esta etapa más vulnerable al igual que se hace con otras patologías como la depresión postparto y ofrecer algunas guías para que pueda detectar precozmente algunos signos y síntomas. En este sentido, es uno de los propósitos de este artículo el que las mujeres sean debidamente informadas y educadas respecto al riesgo de incurrir en conductas alimentarias de riesgo durante el embarazo y el postparto.

Referencias usadas y lecturas recomendadas:

A continuación, dejamos las referencias usadas en este artículo así como otras lecturas recomendadas para seguir indagando. La prevención de los trastornos alimentarios o relaciones disfuncionales con comida y cuerpo que afecta a tantas mujeres en torno al embarazo y el postparto es cosa de tod@s. ¡Dejemos de mirar para otro lado!

1- Behar A Rosa, González A Javier, Ariza P Mario, Aguirre S Andrea. Trastornos de la conducta alimentaria en mujeres controladas en atención primaria. Rev. chil. obstet. ginecol. 2008, 73(3): 155-162.

2- Chizawsky L, Newton M. Eating disorders. Identification and treatment in obstetrical patients. AWHONN Lifelines 2006; 10(6):482-88.

3 – Çiçekoğlu Öztürk, P., Taştekin Ouyaba, A. (2023). Prevalence and related factors of eating disorders in pregnancy: a systematic review and meta-analysis. Arch Gynecol Obstet (2023).

4- Knoph, C., Von Holle, A., Zerwas, S., Torgersen, L., Tambs, K., Stoltenberg, C., Bulik, C.M. and Reichborn-Kjennerud, T. (2013), Course and predictors of maternal eating disorders in the postpartum period. Int. J. Eat. Disord., 46: 355-368.

5- Neifert MR, Seacat JM, Jobe WE. Lactation failure due to insufficient glandular development of the breast. Pediatrics. 1985 Nov; 76(5):823-8. PMID: 4058994.

6- Larsson G, Andersson-Ellström A. Experiences of pregnancy related body shape changes and of breast-feeding in women with a history of eating disorders. Eur Eat Disorders Rev 2003; 11(2): 116-24.

7- Taylor, S. (2019). El cuerpo no es una disculpa.

8- Farrar, T. & Sanchez, M. (2019). ¡Rehabilitación, Reprogramación, Recuperación! Cómo recuperarse de anorexia para el adulto decidido.

9- Farrar, T. & Sanchez, M. (2019). Reprogramación neuronal para la recuperación de trastornos alimentarios.

10- Farrar, T. (2022). Miedo a subir de peso. Qué es, por qué lo tienes y cómo reprogramarlo.

11- Farrar, T. (2021). Cómo no dejar que un trastorno alimentario arruine tu embarazo.

12- Custó, E. Tengo un TCA ¿Y ahora qué? Guía para la recuperación de tu trastorno alimentario.

13- Patricia F., Ibone O., Susana C. (2020). Psicología del embarazo.